jueves, 17 de noviembre de 2011

Tu llegada al mundo...

Era jueves. Día 28 de abril, a eso de las 21:30 y estaba sentada en el sofá hablando con tu papi que hacía media hora más o menos que llegaba de la compra. Los días anteriores no había sentido nada especial, ni siquiera ese día sentía algo diferente. Siempre lo mismo, pequeñas molestias que me acompañaban desde hace ya un par de semanas, así que nada importante. Había estado toda la tarde en casa acompañada de tu tía-madrina, ya que nadie quería que me quedara sola demasiado tiempo.

En ese mismo instante mi cabeza pensaba “me voy a levantar de aquí e ir a bañarme para cenar”. No quería acostarme demasiado tarde ya que al día siguiente tenía registro temprano y debía madrugar. Justo en ese momento cuando comenzaba a levantarme del sofá sentí como bajaba un poco de agua (sabía que no me había orinado), me quedé totalmente pasmada y con la misma terminé de ponerme de pie, lo que hizo que ahora sí cayera una buena cantidad del líquido amniótico. Mis palabras concretas fueron: "ay Jonás, ahora si que acabo de romper aguas" (ni que hubiera tenido alguna duda alguna vez sobre la rotura de la bolsa. "¿A qué venía ese ahora si?" jejeje). Se levantó como un resorte a la misma velocidad que yo me fui al baño con la idea de no ensuciar nada (estaba yo para esas preocupaciones). Me miré al espejo y lo único que me vino a la cabeza fue: “ay Vanesa, los dolores que vas a pasar… ¡la que te espera!” Vaya pensamientos los míos en ese momento.

Mientras yo me duchaba y me cambiaba con la mente en no sé donde, Jonás daba vueltas por toda la casa llamando a mi hermana, mi madre y su madre y cambiándose de ropa él también, mientras me repetía: “bueno cariño, tú tranquila… pero ándate, que mira que pasa mucho tiempo…. ¡Vamos ya!” Estaba desesperado, pero a la vez con más tranquilidad de la que esperaba, pero su preocupación era no tardar mucho en llegar al hospital porque él recordaba las palabras de la matrona en la única clase de preparación a la que pudo ir, cuando decía que si rompíamos la bolsa había que subir sin prisa pero sin pausa (a menos que las aguas fueran verdes, que había que ir inmediatamente). Pero las mías eran aguas limpias. En tiempo récord llegó mi hermana que me ayudó a coger las últimas cosas para el bolso, y cogió a nuestras niñas (nuestras perras) para llevarlas a casa de mi suegra.

En 25 minutos estábamos saliendo por la puerta de casa. Nunca nos habíamos preparada tan rápido. Quien nos conoce bien sabe lo que tardamos en arreglarnos. Mientras íbamos en el coche mandé algún mensaje y en 5 minutos estábamos en el hospital. Entramos por urgencias y en seguida nos llamaron para entrar. Me hicieron un par de preguntas y me llevaron en silla hasta paritorio. Yo mientras sin ninguna molestia, sintiendo como aún seguía bajando el líquido amniótico. Llegué allí y el matrón que atendería mi parto, Nico, me hizo mi primer tacto. Yo iba asustada con esto, ya que he leído tantas cosas y he escuchado tantas experiencias… Pero no es nada, molesta un poco, pero no es demasiado doloroso. Tenía el 50% del cuello borrado y 1 cm de dilatación y el registro que me hizo posteriormente demostraba que todo estaba perfecto. Tu corazón perfecto, latía con fuerza, y contracciones muy mínimas, había que esperar…

Me daba 24 horas para ponerme de parto por mí misma, que sería lo ideal. Me pasaría estas horas con antibióticos para evitar infecciones, pero hasta pasadas 24 horas no me pondrían nada para provocar el parto. El mundo se me cayó encima la verdad. No soportaba la idea de tener que esperar 24 horas metida en la habitación. Ahora que había comenzado, todo lo que quería era conocer a mi niño cuanto antes, pero bueno, que entendía que no quisieran provocármelo así como así, es más, lo agradezco.

Fui a mi habitación, me puse el camisón del hospital y salí a la sala de espera a ver a los familiares que habían llegado. Estaba mi madre, mis suegros, mi cuñada, mi hermana y su novio y una amiga. Yo estaba muy tranquila. Los demás estaban más nerviosos que yo, y quieras o no, terminan contagiándote ese nerviosismo.

A eso de las 00:00/00:30 me fui a mi habitación ya sólo con tu padre donde me pusieron una vía para ponerme los antibióticos unas horas después. Me acosté para poder descansar, porque no sabía lo que me esperaría en las próximas horas. No exagero si digo que no pasaron 5 minutos de haberme acurrucado en la cama cuando me vino una contracción. Y de verdad te digo que no me la esperaba tan fuerte, no siendo la primera, pensé que al principio serían más flojitas, la verdad… Fue todo tan rápido que cada contracción era más fuerte que la anterior, desde el principio, y cada vez más cercanas entre unas y otras. Dos aguanté acostada, necesitaba levantarme y moverme. Di vueltas y vueltas por la habitación, movía las caderas, abrazaba a Jonás, salía al pasillo, paseaba… Desde el principio iban de 5 en 5 minutos. Así la primera hora, luego ya iban cada 3 minutos. Me parecía increíble lo rápido que iba todo, pero cada vez me dolía más. El matrón me dijo que cuando llevara mínimo dos horas con contracciones cada 5 minutos fuera por paritorio, pero después de una hora como os dije ya estaban cada 3 minutos, además sentía unas ganas inmensas de ir al baño y la auxiliar que estaba allí, en planta, me dijo que tuviera cuidado no fueran ganas de pujar, pero yo sabía que no… eran simples ganas de ir al baño, pero terminó por asustarme. Así que llamó al matrón y le dijo que fuera a paritorio para mirarme. Aún estaba de 2 centímetros, y aunque hasta que no estuviera de 3 cm normalmente no nos dejaban allí, en la habitación de dilatación, veía que esto iba rápido y ya me dejó. Me dio la opción de ponerme un enema, que aunque ya no los ponían había palpado que el intestino estaba bastante lleno, y que quizá me sentiría mejor poniéndomelo para que fuera bien al baño. Me lo puso la auxiliar y en nada ya estaba en el baño, cada vez con más dolores, y cada vez más seguidos. Me dijo que me diera un buen baño caliente que me calmaría y me ayudaría a dilatar, y aunque en ese momento no sentía alivio casi ninguno, pensándolo luego, más tarde, si que debo admitir que fueron los mejores 40 minutos de la dilatación. Pero cuando salí las contracciones iban a más, se unían unas con otras, lo que me asombraba porque pensaba que esto me pasaría al final de la dilatación. Cuando le dije esto, me volvió a hacer un tacto, estaba de 4 cm. Ya no podía más, y aunque siempre dije que intentaría no pedirla e incluso llegué a arrepentirme, pedí la epidural. Me pareció eterno el tiempo que esperamos por el anestesista. Y mientras me la ponía fueron las dos contracciones más dolorosas de todas. Allí, sentada en la cama, sin poderme mover absolutamente nada y sin ni siquiera nadie a quien agarrarme ya que sacaron a mi marido para pincharme. Y por si se paraban las contracciones o se ralentizaba el parto, me pusieron oxitocina. Aunque se me calmaron un poco las contracciones aún me dolían bastante, más que nada porque no me cogió bien. Era algo extraño porque tan sólo me dolía medio lado, el otro estaba bien dormido.

Yo no sé cuanto tiempo pasó, pero juraría que no fueron más de hora y media como mucho cuando vino el matrón a volver a hacerme un tacto… Ya estaba totalmente dilatada!! Tan increíble me pareció que le pregunté que si estaba bromeando, que era imposible que fuera tan rápido. Y mi marido pudo comprobar en ese mismo momento que incluso ya se te veía el pelito. Ahí fue cuando empezé a arrepentirme un poco de haberme puesto la epidural, por lo rápido que había sido todo, porque podía haber aguantado un poco más.

Empezé a pujar allí mismo, en la cama de la habitación de dilatación. Incluso nos dejaron solos, porque estabas aún un poco alto y los pujos en un principio no los estaba haciendo bien, sobre todo porque no sentía muy bien la presión que hacía debido a la epidural. Notaba las contracciones, me dolían cada vez más porque se me iba el efecto, pero no sentía donde estaba presionando con cada pujo. Pero cada vez lo hacía mejor, porque cada vez notaba más como bajabas. Me llevaron a paritorio y seguí pujando. No sé cuantos pujos hicieron falta, pero fue el mejor momento del parto. Por fin me sentía útil, me sentía con toda la fuerza del mundo con cada pujo, y necesitaba soltar toda esa fuerza. Es una sensación maravillosa sentir como con cada esfuerzo mío bajabas para conocer el mundo.

En unos cuantos pujos pude ver tu cabecita a través de un espejo, y eso, además de empezar a emocionarme, me dio muchísssimas fuerzas más para seguir pujando. Y en nada te veía la cabezita completa y yo no podía parar de decir: “pero si está moradito, ¿por qué está así?” Como si yo no supiera que salen así, parece mentira la cantidad de vídeos de parto que he visto y yo preguntando esas cosas, jajaja. Un empujoncito más y me dijeron que si quería cogerlo. Yo siempre lo he deseado pero mi contesta fue negativa. Me dio un miedo atroz a que te me resbalaras, vaya tontería… eras tan débil, tan pequeñito…
Por supuesto me animaron a hacerlo entre risas por mi comentario y te cogí (agradezco que me hayan convencido, me hubiera arrepentido de no haberlo hecho) poniéndote inmediatamente sobre mi pecho desnudo, piel con piel… y rompí a llorar, y si, también a temblar. Eran las 05:46. Tu papi flipaba con todo aquello. Él, que siempre ha sido la persona más aprensiva que conozco y vió todo lo que pudo ver. Y quedó tan maravillado que no para de repetir desde ese día que entraría a cuantos partos pudiera. Estaba fascinado con su bebé, y con lágrimas te besó sin parar. Incluso cortó el cordón, uno de sus peores “temores”.

Mientras alumbraba la placenta y me cosían los 3 puntos que me dieron por un pequeño desgarro, seguías en mi pecho sin dejar de mirar para todos lados. Luego te llevaron un momento para pesarte (3.300gr y 50cm), ponerte tu ropita y seguidamente nos llevaron a la misma habitación de dilatación donde pasamos las mejores dos horas. Tan juntitos, mirándote sin poder apartar la mirada… Era nuestro momento, el momento de nuestra pequeña familia… Y desde ese mismo instante nos dimos cuenta de lo felices que seríamos en adelante… porque Pablo viniste a complementarnos, a darnos el pequeño trocito de felicidad que nos faltaba…

No hay comentarios:

Publicar un comentario