jueves, 26 de abril de 2012

Primer año

Tan sólo faltan tres días para soplar tu primera vela. Y digo soplar aún sabiendo que no podrás hacerlo, ya que por mucho que he intentado que aprendieras más que sea a hacer el gesto de soplar, no lo he conseguido.

Éste año ha sido magnífico. Sin duda el mejor año del mi vida. Y si, ser madre es muy complicado. Te cambia toda tu vida en todos los aspectos. Incluso hay momentos de agobio y agotamiento, porque somos humanos. Pero aún así, eres lo más maravilloso que ha pasado en mi vida y éste ha sido el año que más he disfrutado y en el que más feliz he sido.

A los nueve meses me diste el fantástico regalo de poder escuchar tu vocesita diciendo mamá. Pero tan sólo fueron unos días y durante meses no volví a escucharlo. Hasta hace una semana aproximadamente que volviste a hacerlo. Ahora sí que casi a diario lo dices. Incluso en una ocasión, cuando no estaba contigo en la misma habitación, te pusiste a llorar llamándome como si me echaras en falta. Pensar que una palabra encierra tantas emociones... Porque deberías ver mi cara de "lela" cuando te escucho decirlo. Seguidamente te como a besos. 
Y como ya sabes a papá si que lo llamas desde hace muchos meses. Y aún así, pase el tiempo que pase, a tu padre se le llenan los ojos de luz cada vez que lo dices. Estamos tan orgullosos de ti. De haber conseguido que llegaras a nuestras vidas para completarnos.

Y también desde hace algo más de una semana empiezas a levantarte sólo con algún apoyo. 
Fue de repente, un día, tú en tu cuna y yo había salido de la habitación no más de medio minuto. Cuando regresé te vi de pie apoyado en la baranda. ¡Mi cara era un poema! Y es que, no me lo esperaba.
Y claro, un acontecimiento así no podía esperar más para poderlo ver. Así que te volví a sentar y esperé pacientemente a que, con algo de esfuerzo, volvieras a levantarte. Un par de días después, tras varias prácticas, conseguiste hacerlo sin casi ningún tipo de esfuerzo. Ahora ya lo único que quieres hacer es ponerte de pie, apoyándote en lo que sea. 

Ahora que sabes tantos "truquitos", nada más despertarte por las mañanas, haces lo imposible para sentarte o ponerte de pie. Ése es sin duda uno de los mejores momentos del día. Aunque ya no duermas como antes. Y digo ésto porque siempre has sido un bebé muy bueno para dormir las mañanas. Los primeros meses te costaba mucho coger el sueño por las noches, pero las mañanas las dormías estupendamente. Llevabas unos cuantos meses que estabas durmiendo fenomenal. Te dormías temprano y rápidamente por las noches y además dormías por las mañanas sin madrugar demasiado. Como mucho te despertabas a las 9:30, eso era lo más temprano. Pero normalmente tu hora de despertar eran las 10:30. Y eso, para que negarlo, era un alivio para mí. Porque aunque disfrute de cada segundo contigo, el jugar juntos todo el día agota, y cuando llega la noche necesito descansar y dedicarme un par de horitas para mí y para compartirlas con tu papi. Y las mañanas eran una gozada. ¿Poder dormir hasta esa hora? Si es que estaba gozando, yo que siempre he sido bastante dormilona. Pero ya llevas una semana que te despiertas entre las 7 y las 8 de la mañana, a la hora que se va papi. Y es que claro, tú también quieres darle los buenos días y el besito de despedida, que luego no lo vemos hasta el mediodía. Aún así, una sonrisa de las tuyas, de esas sonrisas "mañaneras", llenas de luz y de amor... calman mi sueño y abren mis ojos de par en par. Eres el mejor despertador que pueda existir.
¿Comprendes ahora porqué para mí es uno de los momentos más hermosos del día?

Pero lo gana con creces la noche. Me encanta, me apasiona, me alegra, me entusiasma cuando llega la noche. 
No hay mejor momento del día que cuando, después de bañarte, empiezas a tener sueño, en ocasiones incluso lloroso, y se te ilumina la cara en cuanto ves la "teté", acurrucándote y posicionándote cómodamente bien pegadito a mí para, mientras te alimentas, irte "sumergiendo" en un profundo sueño en brazos de morfeo (y de mamá). 
Aunque en alguna ocasión no consigo que te duermas, porque prefieres hacerlo en brazos de papá. Y es que se nota lo protegido que te sientes en ellos.


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